Peregrinaciones

“Entre las expresiones de esta espiritualidad se cuentan: las fiestas patronales, las novenas, los rosarios y via crucis, las procesiones, las danzas y los cánticos del folclore religioso, el cariño a los santos y a los ángeles, las promesas, las oraciones en familia. Destacamos las peregrinaciones, donde se puede reconocer al Pueblo de Dios en camino. Allí el creyente celebra el gozo de sentirse inmerso en medio de sus hermanos, caminando juntos hacia Dios que los espera. Cristo mismo se hace peregrino, y camina resucitado entre los pobres. La decisión de partir hacia el santuario ya es una confesión de fe, el caminar es un verdadero canto de esperanza, y la llegada es un encuentro de amor” (Documento de Aparecida, 259 ).

 

​En sintonía con el texto de Aparecida, las peregrinaciones no sólo nos han ayudado a crecer en el sentido de la vida cristiana como peregrinación, sino que también nos ayudan a crecer en la vida comunitaria. El compartir el viaje, las experiencias, los momentos de oración, vividos en un lugar diverso del que nos encontramos habitualmente, nos ayuda a conocernos, aceptarnos, y a disfrutar unos de otros. También, la experiencia espiritual del compartir nutre la vivencia en la fe de ser comunidad y saber que caminamos, con otros, en el seguimiento de Jesús.