Celebración del Bautismo

La celebración del  Bautismo  es  una  fiesta  de la  comunidad  cristiana. Una  fiesta  en  donde   al celebrar nuestra condición de «hijos en el Hijo», gustamos del renacimiento de otros hermanos que nacen a la vida de la gracia. En  el  encuentro  hacemos  consciente este  misterio. En  la  celebración del  bautismo  lo  vivimos  personalmente y  en  familia.

La celebración rica en signos: la señal de la cruz, el agua, el óleo de los catecúmenos, el Santo Crisma, la vestidura blanca y el cirio pascual; son signos claros que simbolizan realidades espirituales.

El rito esencial del bautismo acontece en la fuente bautismal y el elemento que lo expresa es el agua. El agua es fuente de vida, que fecunda, regenera, purifica. Simboliza la vida de Dios. Ser bautizado significa ser sumergido en Cristo; participar de su vida.

La  vela  encendida que se entrega a los padrinos les recuerda y da la capacidad para hacer que Cristo, que es la luz del mundo, ilumine con la fe a su ahijado por medio de sus palabras y  ejemplos.

En cada celebración de Bautismo,  la fe se renueva al ver tanta  gracia recibida y compartida,  por eso damos gracias a Dios por los papás y mamás que siguen diciendo Sí a la vida que Dios nos da al pedir el bautismo para sus hijos.

​El santo Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión.

El Bautismo constituye el nacimiento a la vida nueva en Cristo. Por la acción misma del bautismo, el bautizado es incorporado a la Iglesia, Cuerpo de Cristo, y hecho partícipe del sacerdocio de Cristo.

El Bautismo imprime en el alma un signo espiritual indeleble, el carácter, que consagra al bautizado al culto de la religión cristiana. Por razón del carácter, el Bautismo no puede ser reiterado.

 

Algunos piensan: pero ¿por qué bautizar a un niño que no entiende? Esperemos a que crezca, a que entienda y sea él mismo el que pida el bautismo. Pero esto significa no tener confianza en el Espíritu Santo, porque cuando bautizamos a un niño, en ese niño entra el Espíritu Santo y el Espíritu Santo hace que crezcan en ese niño, desde pequeño, virtudes cristianas que florecerán después. Siempre hay que dar a todos esta oportunidad , a todos los niños, la de tener dentro al Espíritu Santo que los guíe durante la vida. Papa Francisco, Catequesis sobre el Bautismo (11 de abril de 2018)